Los 30 años de Anne Perry

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Anne Perry ha cumplido 30 años. O al menos eso parece por cómo le brillan los ojos cuando habla de literatura y gesticula enfatizando un inglés pausado, firme pero a la vez un poquito socarrón. Anne Perry, cuyo nombre de nacimiento es Juliet Marion Hulme, vio la luz en 1938 en Blackheat, en el norte de Inglaterra. Sus tres décadas corresponden a un aniversario que le es más querido: el momento en que comenzó a publicar. “Comencé escribiendo novela histórica y no conseguí que me la publicaran. Pero mi primer libro de misterio se publicó a las dos semanas”.

Porque estos son dos géneros literarios en los que esta autora se mueve con maestría: la novela de serie negra y la ambientación histórica. Monk su detective amnésico resuelve sus casos en la Inglaterra victoriana y sus últimas obras, como Las Trincheras del Odio o No dormiremos, tienen como protagonista de fondo la primera guerra mundial, contada a través de la visión de un capellán.

Su amor por la literatura es evidente: “Todos tenemos algo que contar: creencias, sueños, miedos y deseos. Y necesitamos compartirlos”. De esta forma se conjugan dos soledades: la del autor que deja que los demás entren en su mundo y la del lector que se abre al de otro. “Si tienes un buen libro no estas solo. A lo largo de estos años me han llegado cartas de personas que atravesaban malos momentos, que estaban enfermas, que tenían dificultades y a las que los libros les habían ayudado a sentirse menos abandonado”.

La literatura, tanto su producción como su degustación, es un una forma de aprender a conocer y querer. “La buena ficción es la mejor forma de vivir muchas vidas”. No importa el lugar donde uno se encuentre, en su caso, lejos del mundo en la granja en la costa escocesa donde vive, en una península tan estrecha que le permite ver el mar al norte y al sur. O cuando está de viaje siempre con un libro empezado o a medio terminar, recorriendo foros y encuentros literarios. “Es mucho más divertido que estar de vacaciones”.  Su ritmo anual es endiablado: dos libros “largos”, una novela corta, 6 cuentos infantiles….

“Nos encontramos con demás, sus motivaciones, lo que les empuja a tomar ciertas decisiones que no tenemos por qué compartir. Es un forma de sentir empatía”. Y esta comprensión de los errores, pequeños y grandes pecados, la que nos permite amar. “No hay nada en el mundo más importante que amar a los demás”.

Un aprendizaje vital que ha sido especialmente complejo en una autora siempre perseguida por un pasado sangriento y luctuoso, del que prefiere no hablar directamente. Como sus personajes, con el paso de los años Anne Perry  ha ido desarrollando unas creencias cada vez más firmes. “Ahora sé en lo que creo.  Pienso que todas las personas necesitan una religión, en el sentido de tener fe bien en un dios o en un sistema ético”. Pero esa seguridad no le impide plantear en sus novelas dilemas alrededor de lo que se puede estar dispuesto a hacer para defender esa escala de valores.

Así en una de sus obras recientes, ambientada en la Constantinopla posterior al saqueo de 1204 y en la que la principal protagonista es Ana, cuyo hermano gemelo es acusado de un crimen que no cometió, y que debe travestirse en eunuco para poder descubrir la verdad, uno de los temas de fondo es la esencia de la fe. ¿Por qué no se producen milagros? ¿Deben ser todos creyentes para evitar la destrucción y el horror? ¿Hay que tomar las armas para forzar la transmisión de esas creencias?

No importa que el escenario donde se desarrolla la trama se pierda en el pasado, ni que el texto siga los pasos de una investigación criminal. “En las novelas de misterio el argumento es muy fuerte y está muy definido. Nos atraen porque presentan una situación de caos, algo que sentimos que no esta bien, y que finalmente se resuelve”.

Pero en el camino hay mucho más, ya que permite la crítica social, el análisis de las debilidades de los personajes, la compasión y, e incluso la redención final. En una sociedad devastada como la bizantina en esa vieja Constantinopla ya desaparecida. U hoy ante su propia experiencia, el mensaje que quiere transmitir es que “si no eres capaz de perdonar, no se te puede perdonar”.

Texto e imagen: Aloa Comunicación

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Archivado bajo 09 Resumen de jornadas, Anne Perry

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